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viernes, 30 de agosto de 2013

El problema de las dos sigmas y la factibilidad del (flipped) mastery learning

Una vez que un profesor tiene claro que es lo que sus alumnos aprendan, su siguiente problema es conseguir que la mayoría de sus alumnos lo aprendan y lo aprendan bien, de manera construida, de manera que no se olvide, de manera que extraigan significados que puedan transferir a nuevas situaciones.

La búsqueda de nuevas metodologías que permitan que nuestros alumnos aprendan más y mejor ha sido el santo grial que buscaban los que se plantean la enseñanza como una profesión de ayuda y quieren ser capaces de ayudar a sus alumnos más necesitados a progresar más. ¿Cómo podríamos mejorar significativamente el aprendizaje de nuestros alumnos?
  
En este contexto los  trabajos de Benjamin Bloom establecieron que los estudiantes de bachillerato tutorizados de uno en uno o en pequeños grupos de dos o tres obtenían calificaciones en las pruebas de evaluación  superiores en dos desviaciones estándar ( a partir de ahora SD) a las que obtenían cuando eran instruidos en grupo de forma tradicional (Bloom 1984). “El estudiante tutorizado medio obtiene mejor resultado que el 98% de los alumnos instruidos tradicionalmente.”

Esto supone que el alumno medio aprendería  con este método tanto como el número uno de una clase de 50 alumnos.Los alumnos más retrasados pueden aprender como los alumnos medios actuales si son tutorizados del modo propuesto por Bloom. La siguiente cuestión era: Muy bonito pero sería carísimo educar a nuestros alumnos de uno en uno ¿podríamos lograr los excelentes resultados que se logran con la tutorización individual con métodos que pudiesen aplicarse a grupos numerosos de alumnos? Dicho de una manera parametrizada:
¿Pueden desarrollarse métodos en grupo que produzcan un nivel de mejora del aprendizaje de 2 sigmas?

La “pedagogía del dominio”  (discutible traducción del mastery learning), yo prefiero aprendizaje hasta el dominio es una propuesta para la resolución de este problema.  El aprendizaje hasta el dominio, consiste en que trabajamos con cada estudiante en cada área de habilidad necesitada hasta que el estudiante domine el conocimiento y las habilidades a un mínimo del 80% dicho de otra manera el alumno debe lograr unos objetivos  (al 80%) para pasar a otros.
Los componentes claves del mastery learning son los siguientes:
1. Los alumnos trabajan en pequeños grupos o individualmente a un ritmo apropiado.
2.       El profesor realiza evaluación formativa y determina el nivel de comprensión de cada alumno.
3.       Los alumnos demuestran la maestría de objetivos en evaluaciones sumativas.
4.       Se proporciona un refuerzo a los estudiantes que no superan la evaluación formativa y sumativa  (se puede usar a los aventajados para esto cómo aprendices líder).

A continuación transcribo un fragmento sobre el mastery learning del libro de Perrenoud (Cuando la escuela pretende preparar para la vida, Ed Grao 2012, p. 84):

“Bloom defendía una tesis que sigue siendo absolutamente válida hoy: si están en buenas condiciones de aprendizaje, casi todos los alumnos  pueden apropiarse de los conocimientos escolares básicos (Huberman 1988). Pero hay que conocer con precisión lo que ya han adquirido para orientar lo que Bloom llamaba “enmienda”, una intervención que corresponde a lo que , más tarde y de manera más global, será llamado el apoyo pedagógico, luego la pedagogía diferenciada e individualización de los itinerarios. Bloom insistía en la necesidad de una evaluación formativa, contribuyendo a la regulación de los aprendizajes, y la quería “criterial”, es decir vinculada con criterios de dominio. Pretendía entonces, y tenía absoluta razón, que no se puede regular  ningún aprendizaje si no se sabe de manera precisa  hasta qué tipo y qué nivel de dominio debe llevar. Cómo cualquier regulación, la de los aprendizajes se refiere a la distancia que queda por recorrer para alcanzar el objetivo. Por lo mismo es necesario explicitar los objetivos de aprendizaje, de hecho Bloom (1975) dejó su nombre asociado a la “taxonomía”  de los objetivos de aprendizaje.

Las pruebas realizadas con el mastery learning demostraron que los alumnos aprenden mucho más y mejor y esta mejora se cuantifica en un aumento del rendimiento de aprendizaje de la clase que suele equivaler a una SD de los resultados obtenidos por la clase antes de emplear el mastery learning. El mastery learning mejora la medida de la evaluación de los resultados de aprendizaje en 1 SD pero es muy costoso en trabajo del profesor sobre todo para realizar el seguimiento y la evaluación individualizados por lo que la mejora en resultados no compensaba el coste en aumento de trabajo del profesor.

El problema del mastery learning es que exige un sistema de evaluación personalizado que permita que distintos alumnos vayan a distintos ritmos.  Para ello debe permitir múltiples evaluaciones formativas y reevaluaciones. El proceso de evaluar formativamente y dar feedback individualizado es muy complejo para el profesor pues tiene que generar múltiples pruebas para evaluar asincrónicamente con garantías. Esto no era posible (o era al menos muy engorroso) con las tecnologías y metodologías de los años 70 y 80.  Por ello,  el mastery learning fracasó en los 70 y 80 pero en aquellos tiempos no existían las herramientas de comunicación y evaluación on line de las que disponemos actualmente (e-mail, screencast, cuestionarios on line, Moodle, blackboard, schoology, jupitered, quia, etc). Estas herramientas de evaluación automática comprueban la superación de niveles y el logro de objetivos pero también proporcionan experiencias formativas mediante feedback automático y el de compañeros. Por tanto ahora la  tecnología hace que intentar el mastery learning sea algo más fácil que hace 30 o 40 años. Tal vez ahora si que sea factible intentarlo.
¿Nos permite la combinación de nuevas metodologías y tecnologías  disponibles en 2013 volver a intentar una  nueva forma de mastery learning?
¿Permite la combinación de la  metodología flipped classroom con las nuevas herramientas de evaluación proporcionar instrucción, ejercicios y evaluación formativa con feedback de manera asincrónica a nuestros diversos alumnos?  
Parece que si y en eso consiste lo que se denomina el flipped mastery learning. Los pioneros del flipped clasroom, Aaron Sams y Jonathan Bergmann, ya lo han probado y según cuentan en su libro (Flip your classroom 2012) les ha funcionado fenomenal. El Flipped mastery learning será objetivo de una futura entrada de este blog.


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